sábado, 27 de junio de 2009

La televisión que viene

La televisión que vieneDentro de un año, al panorama audiovisual no lo va a reconocer ni la madre que lo parió. Disculpen lo castizo de la expresión, pero no se me ocurre otra manera más directa de abordar los cambios que se van a producir desde ya mismo hasta abril del 2010, fecha prevista para el apagón analógico o, si quieren ponerse poéticos, para el encendido digital total. Les paso algunos apuntes que tomé ayer tras escuchar a los gurús de la industria y aledaños, invitados por Coca-Cola y la Asociación de Periodistas Europeos.

El apretón legislativo. Ayer la Cámara aprobó la ley que permitirá las fusiones entre operadores y cadenas. Otra ley, la que suprime la publicidad para RTVE, agotaba el plazo para recibir enmiendas. De la Vega anunciaba que el Consejo de Ministros hará la primera lectura del proyecto de ley Audiovisual. La intención es agilizar los trámites, convocar plenos extraordinarios en julio y hacer trabajar al Consejo de Estado en verano si es necesario para que todo esté listo para otoño.

Ni turrón, ni burbujas, ni muñecas... Los anunciantes están desconcertados por tanta brusquedad. Que esta próxima campaña navideña no puedan anunciarse en La 1, la audiencia más tradicional para los productos más tradicionales, les resulta inconcebible. No creen que el 24% de inversión publicitaria de TVE vaya a repartirse entre las demás, lamentan la pérdida de las desconexiones regionales, y auguran hasta ¡18.000! puestos de trabajo perdidos por la nueva ley.

El mosqueo de las telecos. Las operadoras de telecomunicaciones sí que trinan. La nueva ley les obliga a pagar un 0,9% de sus ingresos, además de un 1,5% por los servicios audiovisuales que facilitan, a cambio de un espectro radioeléctrico que no llegará hasta el 2015. Todo esto les parece arbitrario, injusto y desproporcionado, y acudirán a Bruselas si la ley no cambia. Pero las cadenas privadas les miran con suspicacia, y les señalan como la auténtica competencia de la futura TV.

¿Y qué es poesía? Es la pregunta del millón. ¿Quién define qué es servicio público? ¿Qué contenidos deberá ofrecer TVE, ahora que gozará de un marco estable de financiación? El entretenimiento es también servicio público, pero ¿pasa por emitir hasta 80 títulos de cine norteamericano de estreno al año, como contempla la ley? ¿Y por retransmitir acontecimientos deportivos cuyos derechos valen un riñón?

Un chollo para los espectadores. Es la única afirmación de la que nadie parece discrepar: una televisión pública sin anuncios, más una TDT que multiplica el número de canales disponibles, más una TDT de pago, que permitirá el acceso a contenidos hasta ahora exclusivos del satélite o el cable. En el PSOE sacan pecho: el Gobierno está siendo valiente y coherente al abordar una reforma que el sector llevaba años pidiendo, aunque está claro: nunca, nunca llueve a gusto de todos.

El apagón deslizante. El próximo martes 30 de junio era la fecha prevista por el Gobierno de Zapatero para el siguiente apagón analógico en cinco millones y medio de hogares españoles: no se va a cumplir más que de manera deslizante, un hermoso eufemismo que explica que los plazos hay que ampliarlos. Ni en Galicia, ni en Castilla y León, ni en Andalucía ni en el País Vasco van a producirse esos apagones, de momento, islas técnicas en las que sólo se vea la TDT. Hay en España quienes creen que todo lo digital llega tarde: internet empuja con fuerza también en la televisión, y toda esta legislación quedará obsoleta en cuanto entre en vigor.

Cero coma cero. Un día después de ese supuesto apagón, el primero de julio, 20 millones de conductores podrán celebrar su buena fortuna: la dirección general de Tráfico les va a regalar dos puntos más a todos los que no han perdido ninguno desde que se instauró el carnet por puntos: podrán presumir de tener 14 en total. Quien presume estos días por toda Europa es el director de la dirección general de Tráfico, Pere Navarro: en España se consume un 13% de cerveza sin alcohol, frente al 1% que se consume en el resto de Europa. En la Unión Europea se han fijado en esta peculiaridad española y quieren saber las razones por las que, en este país de bebedores compulsivos, la cerveza sin alcohol se está poniendo tan de moda.

Montserrat Domínguez. La Vanguardia

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